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Bogotá se está redensificando. Cada día hay más personas por cada metro cuadrado de ciudad, lo que se traduce en menos área libre y menos infraestructura por habitante. La idea de optar por expandirse más allá de sus linderos, como lo han hecho otras grandes metrópolis mundiales, es lo que muchas firmas constructoras están aplicando con la capital colombiana, en busca de darle una oportunidad de reacomodación y de brindarle mejores niveles de vida a quienes tengan el objetivo de vivir a unos cuantos minutos de la gran urbe.

Las pequeñas poblaciones satélite o ciudades dormitorio, que en el caso de Bogotá serían Soacha, Fontibón, Suba, Cota, Chía, Cajicá, entre otras, han representado desde hace varias décadas, para muchas de ellas, la opción de crecer por los extremos; lo malo es que las tres primeras ya hacen parte de la basta densificación de la capital y ahora se busca, de forma más organizada y controlada, llegar a los otros municipios mencionados.

Así lo entendieron los arquitectos Rogelio Flórez y Rafael Sandoval, que en el año 2002 comenzaron a reunir un grupo de inversionistas para construir una obra de tipo habitacional en la población de Chía. Sin embargo, fue sólo hasta julio de 2007 que la unión de voluntades, como ellos lo dicen, logró concretar el inicio del proyecto, cuyos primeros trabajos consistieron en comprar el terreno, poner en firme los diseños urbanísticos y arquitectónicos, además de la consecución de licencias.

Al nacer el Consorcio Inversiones La Luna, Flórez y Sandoval dieron inicio al primer proyecto en el que trabajan juntos: Hacienda La Luna.

La vereda Bojacá, camino del pozo, en el municipio de Chía fue el lugar elegido para construir 48 casas con más de 320 metros cuadrados de área, distribuidas en un terreno donde el 75% lo componen espacios libres, mientras el 25% restante está ocupado. “En Bogotá ya no se puede encontrar un proyecto de estas características, debido a los altos costos de la tierra”, dice el arquitecto Rogelio Flórez, quien agrega que eligieron esta población cercana a la ciudad más grande de Colombia, porque “se ha venido convirtiendo en un gran polo de desarrollo y se consolida como la sede de excelentes colegios y universidades. Chía pareciera estar encaminada a convertirse en una zona educativa y cultural”.

La calidad de vida al interior del proyecto, en casas muy amplias, bien iluminadas, con mucho espacio libre y abundante aire puro, muestran el concepto de confort, tranquilidad y bienestar con el que los creadores de Hacienda La Luna le dieron vida a una obra cimentada con altos estándares urbanísticos.

Desde esa base parte el concepto arquitectónico con el que esta unión de experiencias de los dos arquitectos, que suma 160.000 metros cuadrados construidos, espera continuar para construir viviendas, como ellos afirman, “con un equilibrio entre factores como funcionalidad, diseño formal, buenos materiales y viabilidad económica”. Así, la idea para unir estas características debe llevar a que “el espacio preste el servicio para el cual está diseñado, la forma o el volumen externo debe ser la consecuencia de éste y su función, el material se subordina a la utilidad del lugar que compone y no al revés y todo debe responder a las economías de escala, es decir, lo mejor dentro del costo”.

La idea de seguir construyendo proyectos similares a Hacienda La Luna, con iguales proporciones, más aire libre y para diferentes estratos socioeconómicos (sin disminuir la calidad), es el objetivo con el cual los arquitectos Rogelio Flórez y Rafael Sandoval, quieren continuar trabajando en beneficio de espacios menos densificados y más eficientes, donde prime la comodidad y el medio ambiente.

Responder a la dinámica de crecimiento urbano del país, con proyectos que retornen hacia propuestas rurales modernas y con buen gusto es lo que muestra el trabajo del Consorcio Inversiones La Luna y sus líderes creativos, que gracias a su primera muestra cimentada dan señales de lo que vendrá en futuros procesos de crecimiento habitacional.

 
 
 
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