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Pequeños aires orientales, la formalidad y el buen gusto son los factores que destila este proyecto localizado en un elegante condominio de Guaynabo. Encomendado a Racet Design Group el mismo es un ejemplo de cómo lo contemporáneo puede complementarse armoniosamente con múltiples tendencias. En este caso, el cliente quería fusionar lo relajado y funcional del estilo contemporáneo, sin olvidar su afecto por lo oriental, fijación que heredó de su padre. Racet Design Group buscó reflejar el gusto de su cliente manteniéndose fundamentalmente contemporáneo, pero brindándole ese filo oriental que tan arraigado está en su personalidad.

Desde la entrada se respira un ambiente que indudablemente satisface las necesidades y aficiones del cliente. El estilo de vida de este joven profesional exige un espacio elegante, pero simultáneamente agradable, y que sobre todo se preste para su primordial función… Y es que este espacio es utilizado mayormente para entretener a sus amistades. “El resultado es un espacio idóneo tanto para una cena formal como para un encuentro casual de amigos”, explica Racet.

El andamiaje para dotarle esa identidad al espacio se alcanzó por medio de la composición de dos salas contiguas. La primera de estas salas es un área más íntima, ideal para conversar, compuesta de un diván y dos butacas. El mobiliario está anclado por una alfombra de piel de vaca comprada en un viaje a la Argentina. Una obra de arte es el punto focal de esta área, un acrílico sobre lienzo de la artista puertorriqueña Annelisse Molina titulada “Destinos”.

La segunda sala está compuesta de un seccional, y un detalle de dos taburetes en madera que completa el área de sentarse. El espacio generoso de esta área permitió ubicar el centro de entretenimiento que alberga al plasma. El arte enmarca este espacio, en este caso por medio de una pieza que evoca el interés del cliente por el ambiente. “Composición circular” es el collage de papel reciclado del artista puertorriqueño Rafael J. Rodríguez que se escogió para cumplir con la conexión ambiental. Las dos salas de este hogar tienen identidades definidas aunque con una latente conexión. La movilidad de sus piezas permite la unificación del espacio cuando la ocasión lo requiere. La influencia oriental se selló entre ambas salas con unos tiestos de Arte, Flor y Tierra.

El gran salón termina con el comedor, el cual está compuesto por seis sillas y dos “ottomans” anaranjados que se integran a una mesa de madera y cristal. Sin embargo, uno de los mayores atractivos de este comedor es su ubicación. El mismo se halla al lado de un imponente ventanal que lo complementa a la majestuosa vista que desde este apartamento se observa; la urbe en todo su apogeo e intensidad.

A lo largo de este espacio se emplearon tonalidades neutrales, resaltando el color crema en distintos matices y el marrón. El naranja imparte la vehemencia y se presta a los detalles orientales que se reafirman con texturas como la seda. Las maderas con tinte oscuro aportan calidez al espacio y crean el ansiado balance con los colores mayormente neutrales del mobiliario.

La iluminación de José Garriga, fue a su vez, un pilar del diseño. Racet nos comenta: “Esta es un área muchas veces olvidada por los clientes y sin embargo, la iluminación es esencial para crear ambiente, definir espacios y crear puntos focales. En este caso la usamos para cumplir todos esos propósitos, pero primordialmente, dejamos que la iluminación sutilmente realzara el arte”.

El dormitorio es el refugio de lo comunal y público. En este apartamento el dormitorio principal es una guarida adecuada para el cliente. Todos los elementos se fusionan para instaurar un ambiente conducente al descanso y el sosiego. El espacio refleja el gusto del cliente por lo actual, junto con la influencia oriental. El destello de la cultura oriental se destaca en cuadros, figuras y hasta en el propio concepto de la lámpara.

El baño principal fue objeto de una extensa remodelación que rediseñó la planta y añadió una ducha para dos con banco y lavamanos doble, sin omitir la bañera y el bidet. Esos elementos le añaden una dimensión muy cómoda y sofisticada al espacio, paralela a la atmósfera de los “spas”.

El cuarto de huéspedes no se relegó a un segundo plano y se le dedicó la misma atención en cuanto a reflejar la personalidad del anfitrión. La ropa de cama, complementada con varios cojines, mantiene su carácter con ricas texturas mientras conjuga lo moderno vis a vis lo oriental. El cuarto de baño destinado a los huéspedes guarda una consonancia con el dormitorio.

Racet nos despidió reflexionando sobre cómo cada hogar contiene historias por narrar. Definitivamente, este es un espacio que nos habla de lo actual, moderno, sin olvidar los deleites que identifican a su dueño. Un espacio que comunica paz y armonía tanto para la mente como para el cuerpo. Lo que debe ser un hogar, en su estado más puro.

 
 
 
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